6 de octubre de 2015

Eclipse Lunar

Me he enamorado perdidamente de la luna,
y ahora que lo pienso, sé que parecerá una locura,
pero no puedo evitar verla con ojos de dulzura.
Me he enamorado de ella como de más ninguna.

Unas veces menguante, otras veces creciente,
y cuando te sientes llena, resplandeciente.
Una parte oscura que nadie conoce realmente.
La distancia entre tú y yo es más que evidente.

Somos lo que se llamaría un amor de otro mundo,
porque aquí ando, caminando solo, cual vagabundo,
deambulando con la vista siempre fija en el cielo,
y la esperanza de que un día este amor me levante en vuelo.

Estiro mi mano y casi siento que puedo tenerte,
pero no importa cuánto apriete mi mano con ansiedad,
porque en verdad no tengo ninguna intención de atraparte,
pues lo que más me encanta de ti es tu libertad.

Siempre estaremos lejos y cerca, tú eres la luna y yo el sol.
Cada cierto tiempo me inventare un eclipse y así me puedas ver,
y que el mundo sepa que la razón de tus cachetes rojos, soy yo.
Pero como cualquier amor platónico, estamos destinados a no ser.

18 de agosto de 2015

Juego

Todo comenzó como un juego. Y es que, qué historia de amor no comienza así. Donde el amor divierte y la diversión genera a su vez más amor.

Pero los juegos tienen reglas y la reglas trampas. Tanto nos divertimos que olvidamos ese pequeño gran detalle. Quise pensar que hacías trampa, pero en esta anarquía en la que nos embarcamos, simplemente, tú supiste juegar mejor tu juego.

Y extiendo los brazos y trato de alcanzarte, eterna inalcanzable. Pero, en este juego de nosotros dos, siempre te me escapas de los dedos y me observas fijamente y, una vez más, sucumbo a la fuerza gravitacional en que me envuelves.

Como en un juego maquiavélico no hay estrategia o plan que me funcione. Te adelantas a mis acciones y pienso que estoy atrapado en un laberinto sin salida, y diseñado por ti para no hacerme sentir derrotado, para que vuelva como perro arrepentido y en tu experimento personal de Pavlov, suenes la campana y vuelva mi esperanza.

En ocaciones, el juego no es para alcanzarte, es para que seas inalcanzable. Para tenerte idealizada en tu templo, en tu templo de mujer, objeto de mi devoción. Eres la diosa de una religión en la que sólo rezo yo.

Es sólo un juego y ya, y así lo decidimos, pero no quiero jugar más. Ambos sabemos que nunca podré tenerte.

"No fuiste el amor de mi vida ni mis días ni mis momentos, pero te quise y te quiero, aunque estemos destinados a no ser"

7 de marzo de 2015

Abismo

Y estando al borde del precipicio
se me acelera la respiración,
con un paso más, pierdo el juicio.
Sé que notas mi vacilación.

Prefiero dar el paso definitivo al abismo
y que el vacío me haga sentir desesperado
y hasta perder la esencia de mi mismo,
a nunca haber sentido que he volado.

Dar el paso es cuestión de ahora o nunca,
ahora, irresistible, eres la fuerza gravitacional,
nunca me podría arrepentir de llegar a saltar.
Una caida nunca es mala si se disfruta.

Es arriesgarlo todo en ese último paso.
Es, capaz, poner mis esperanzas en ocaso.
Es, capaz, el principio de algo misterioso.
Este abismo es el retrato de un placer culposo.

Eres abismo. Eres la adrenalina de estar al borde de un precipicio. Eres la falta de respiración o, quizás, el exceso de ella. Eres la caída cuyo fondo desconozco y me gustaría conocer, conocer el misterio irracional de caer disfutando el paisaje y llegar a sentir que vuelo. Saber que hay un choque inminente, pero estar seguro que ha valido la pena. Y, en lo incierto de tu mirada, perderme en la más bella foto que mi cerebro recordará.

26 de diciembre de 2010

Como Quien No Quiere

Como quien no quiere la cosa, caminamos distraidos por la vida hasta que nos topamos con alguien que nos llama maravillosamente la atención, la observamos de reojo y tratamos de evitar ser descubiertos. Se torna difícil controlar ese vaiven de miradas, que se escapan furtivas y sigilosas entre esas otras personas, ahora invisibles, que nos rodean. No sabemos qué significa esa atracción espontánea creada entre nosotros, pero existe, y no nos molesta su presencia, por instantes imprudente, porque luchar contra ella es perder ante una fuerza que va más allá de nosotros.

Buscamos conocernos, tratando de saciar esa curiosidad que nos iba matando con el pasar del tiempo, teniendo siempre en cuenta que el no conocernos lo hubiese hecho, pues el tiempo nos dio tiempo para conocernos y, sin embargo, ahora que te escribo, siento que no es, ni será nunca, suficiente. Qué injusto el destino que, desde un principio, juega con nosotros a reprimir esas ansias de conocernos y, sin que eso baste, se mofa de nosotros, pues él, más que nadie, conoce aquellas relaciones que, llenas de errores, tendremos que vivir antes de conocernos como es debido.

Se nos presentan varias oportunidades para estar juntos pero, descuidados, las dejamos pasar una y otra vez, fueron pocas las veces que esto sucedió, pero en nuestras mentes fueron millones, pues cada oportunidad era una en un millón, y su peso en nuestras conciencias era aún peor. Nos volvimos esclavos de la ansiedad, pues añorábamos el momento exacto para poder estar juntos, pero el miedo, nuevamente, se apoderaba de nosotros, inclemente como sólo él puede ser. Miedo a qué, me preguntaba después de cada ocasión desperdiciada, tal vez nervios pensé, pero otra vez me preguntaba por qué. Y dando vueltas en mi mundo de repente llegó a mi, quizá en un sueño o pudo haber sido un recuerdo, no lo sé, pero ahí me di cuenta que era miedo al más mínimo error en el primer paso que tomáramos.

Quisimos vivir algo único y, sin darnos cuenta, así fue, casi sin querer pues todo pasó con naturalidad y como si lo hubiésemos ensayado muchas veces. Tu cabeza encajaba perfecta en mi pecho y, presionándolo un poco, ambos pudimos escuchar mis latidos, que se aceleraban cada vez que volteabas a verme. Incómodos fueron los instantes en que te alejabas de mi, dejando ahora un vacío en mi pecho, pero que increíble como con una sonrisa todo volvía a la normalidad. Imprudente en su totalidad fue mi comentario, al parecer, el arte de arruinar los momentos con su mejor obra emanada de mi boca, pero no me arrepiento, porque aunque te separaste de mi, pude verte de frente, y al contemplar como tus ojos y boca brillaban con la tenue luz que había, supe allí, y seguro tú también, que no habría el más mínimo error en el beso que venía.

7 de octubre de 2009

Historia de un Amor Consumado

Se rumora que si se presta la debida atención, con la serena brisa nocturna, se escucha el relato susurrado de las cenizas de un amor que se ha consumado, pero que no deja de manifestarse cuando ellos se abstraen una vez más de la realidad.

Se cuenta la historia de dos seres cuyo amor es prisionero devoto de la eternidad, para ser escuchada sólo por unos pocos que se desencadenan del prototipo clásico, convirtiendo a ésta en la crónica predilecta de aquellos que se profesan un verdadero afecto. Sólo hace falta contemplar a estas dos personas para admirar lo complejo que son las maniobras que realizan gesticuladas por el romance, actuaciones dignas de los Dioses que observan estupefactos. Cupido y Eros, un mismo Dios, que los guía en esta obra de marionetas donde sólo ellos saben el trasfondo y la realidad intrínseca que, al resto del mundo, se presenta en este burdo teatro llamado vida.

Se miraban con recelo aún sabiendo que sólo se pertenecían el uno al otro. Se perdían en el cosmos contemplando el paisaje que en las noches tenían a su disposición, para apreciar con cada uno de los sentidos y cuyo éxtasis sería inigualable cuando sucediera aquel primer roce que impregnase en el otro su esencia y libere consigo un suspiro estruendoso que despeje el cielo para vislumbrar, en las estrellas, la figura cegadora de la tentación hecha mortal.

El amor era su pretexto primordial o por el contrario ¿sería el desamor?, he allí la incógnita controversial sobre este amor lascivo. Fueron innovadores en este arte que rara vez carece de explicación, por eso aprovechaban cada oportunidad que se les brindaba cuando escuchaban ese reiterativo llamado a reunirse una vez más. El delirio y la locura se exteriorizaban provocados por la adrenalina que recorría precipitadamente sus venas al reconocer el delito existente en sus encuentros. En sus confluencias la pasión no se disfrazaba del pintoresco y tradicional rojo carmesí, sino que tomaba el color de sus pieles yuxtapuestas y cuyas sombras posteriormente no se lograrían diferenciar la una de la otra.

Sus caricias dejaban de ser someras y se adentran en un sinfín de sentimientos. Al tropezarse con las practicas pretéritas que siempre ejecutaron de forma cónsona se podían apreciar infinitos despliegues de talento y experiencia en los más ínfimos reflejos. Fueron de esas parejas que vive su vida segundo a segundo sin tolerar que la sociedad los coercionase, beso tras beso, con vaivenes que hipnotizaban a cualquiera. Muchos pensamientos acometían unos contra otros de forma abstracta en esa eterna rivalidad entre la conciencia y el libertinaje. Los recuerdos solían venir escoltados por grandes cantidades de culpa pero estos sólo se veían superados por el frenesí de la ocasión. Era insólito cómo se podían estrechar los abismos característicos que las distancias suscitan en las parejas comunes con un simple proceder intangible fuera de la cotidianidad sentimental.

Lo prohibido los atrapó en sus redes tempestuosas, redes de las cuales es hace difícil escapar y más aún cuando no se desean librar de ella. La moral y ética siempre estuvieron presentes y muy inmediatos, pero no dejaron nunca de ser vulgares observadores, aún estando en primera fila de este pequeño gran teatro.

Afrodita observaba con lamento como su compañero apostaba, en juegos vanos, las vidas de esas dos personas que se profesaron, perpetuamente, un amor imperecedero recóndito ante los ojos custodiadores de la sociedad. También veía con disgusto como tras bastidores la actriz principal, de esta obra trágica llegaba, invariablemente, a la misma hora a su lujosa morada donde con cariño y abrazos la recibían sus hijos, siempre atentos a ayudarla tras el trabajo extra en la oficina, oficina en la cual, después de ciertas horas, no se contestarían más llamadas.

Que patética aquella ocasión en que todo falleció de repente, impactante lo fugaz que sucedió todo y como ya no habría vuelta atrás. Desventurado fue aquel pobre incauto esposo, quien cuidadosamente, se las ingenió para sobrecoger a su esposa un día cualquiera, para que al final se percatara de que veía a dos personas tan singulares en un mismo cuerpo. La mujer leal con la que se había casado hacía ya unos muy buenos años y esa otra mujer infiel que desconocía por completo y cuya noción de existencia lo marcaría de por vida. Y pretendiendo no creer lo que sus propios ojos le demostraron se alejó desvalido de aquella escena, del acto final de aquella obra fatídica que contrapuso la fidelidad y la lealtad.

14 de septiembre de 2009

Beso

Como por accidente sucede un encuentro efímero entre dos labios, labios que se tocan prófugos de las reglas cotidianas, sólo es menester saciar esa sed inclemente que nos desquicia a acercarnos más. Se anula el paradigma de lo correcto e incorrecto, lo prohibido se vuelve tentador y se carece de voluntad para ignorar al otro, la moral por fin desfallece y renace en este acto polémico entre dos seres. Se torna imposible describir un acto que carece de explicación y sólo tiene sentido al ser ilógico por definición. Furtivo pero anhelando ser visto, la adrenalina se apodera de nuestros cuerpos ansiosos de terminar esta interminable espera y el sufrimiento que nos provoca cada segundo de sobra sin estar juntos nuestros labios. Un roce que no perdura sino sólo lo suficiente pero que en nuestro interior se manifiesta eterno, con una prolongación exacta para aumentar el deseo y éxtasis, esa sensación que agonizamos por volver a vivir. Apaciguados y desesperados al momento, todos los sentimientos se entrelazan creando confusión, cesar o proseguir con ese beso, qué dilema aunque parece fácil su resolución.


El frenesí de esa caricia labial llena de pasión y amor es interrumpido por el llamado del deber y contestar es terminar con algo que capaz nunca debió empezar. Llamaba el destino con el mensaje de terminar lo inadecuado y volver a lo que es conveniente. Un momento incomodo concebido por la despiadada naturaleza que se mofa de dictar todas las normas de ese código de conducta que ahora añoramos quebrantar. Ahora nos alejamos llenos de incertidumbre y de desdicha por ese episodio que deseamos se repita pronto, pero caminamos temerosos de ceder antes los más primitivos instintos que tanto nos acaban de deleitar por míseros segundos. Nos esforzamos en vano por resignarnos al retiro inminente, pero este sentimiento nos hace quedar sujetos al piso sin ofrecer resistencia, resistencia que en realidad nunca existió y que aún no se ha estrenado en nuestras vidas.

De un instante a otro volteamos a vernos y nuestros ojos se encargan de expresar no más que lo suficiente para que el descontrol tome control de nuestros cuerpos que se acercan otra vez cual imanes que no pueden aguardar a la próxima ocasión. Ahora sólo es primordial olvidar los protocolos de lo común y aprovechar la oportunidad de volver a fusionarnos en esa obra teatral donde se expone el arte de no fingir. ¿Será por capricho o por necesidad que incurrimos en la misma infracción de desviarnos de lo habitual, lo lógico, lo razonable y lo sensato?, ¿será que para nuestros corazones es un requisito indispensable el que este beso sea algo extraordinario? No sabemos si empezar donde habíamos quedado anteriormente o si comenzar desde cero y volver a experimentar cada sentimiento desde su base, pero esta vez enaltecidos por no poder contener ningún aspecto de nuestra emoción.

Finalmente estamos juntos después de un beso que, a pesar que el tiempo dicte su final, en nuestras mentes nunca ha terminado. En esta corte suprema somos los acusados y los acusadores, somos los testigos y el jurado, pero más que nada somos nuestros propios jueces ante este tribunal que exalta cada paso que tomamos en la realización de algo restringido. Después de dictada la sentencia final nuestro veredicto es vivir condenados a repetir ese encuentro, ese acto, esa obra de arte, que hoy en día llamamos BESO.

8 de septiembre de 2009

Te Recuerdo

Te recuerdo cuando resplandece el brillo de la luna de mediodía
cuando la lluvia inunda los más fríos desiertos,
y cuando Da Vinci pinte en su tumba el sonido de una lágrima.
Te recuerdo cuando los sordos bailan al son de palabras con melodía,
cuando los ciegos manejen curvas rectas tal como expertos
y cuando Beethoven escuche venir los colores de la nota más próxima.

Te recuerdo cuando la tristeza dibuja en mi cara una sonrisa,
cuando me emociona lo apasionante de la indiferencia
y cuando Hitler sea el último botón de mi corbata.
Te recuerdo cuando la religión va de la mano con la ciencia,
cuando a la matemática los números no le hacen falta
y cuando Ghandi participe en una golpiza.

Te recuerdo cuando la gravedad me impulsa a volar,
cuando en los ocasos de la mañana el sol no se puede ocultar
y cuando Taratino hace una trama de película sin suspenso.
Te recuerdo cuando una bala da vida a un corazón,
cuando las explosiones sólo riegan un poco más de amor
y cuando Nelson De La Rosa es en el mundo lo más inmenso.

Decirte que me lastima la suavidad de tu recuerdo,
es aceptar que aún vives en mi pequeño universo
y tengo la duda de si es bueno o tal vez lo más incorrecto
pero lo siento si aún estás, en mi, muy dentro,
y es por eso que te recuerdo en el mismísimo olvido,
olvido de ese amor que en realidad nunca ha existido.

21 de agosto de 2009

Palabras

Escucho murmullos en esta noche oscura,
voces que van y vienen con el viento,
viento que cuenta una historia que perdura
y a pesar de que es la historia de mi vida, no la entiendo.

Escucho palabras que no emiten sonido alguno,
pero que ensordecen mis oídos a cada segundo,
con cada palabra más fuerte que la anterior
y una dosis de realidad en el interior.

A lo lejos se escuchan las verdades más cercanas
y los muertos que gritan sabios a través del tiempo,
gritos escritos que cultivan la base del pensamiento
y en alma y cuerpo dejan sus huellas marcadas.

No soy filósofo pero primero pienso y luego existo
y por eso escribo las palabras que no salen por mi boca,
palabras mudas que se escuchan de forma diferente,
y que suenan cuando el lápiz rasga la hoja que toca
dibujando las palabras que se pasean, abstractas, por mi mente,
buscando salir y traducirse a un idioma, de todos, distinto.

Se puede expresar todo sin palabras pero no sin sentimientos,
sentimientos que serán de las futuras ideas sus cimientos,
cimiento para que no caigan en el olvido, con un sonido vacio
y se pueda trascender sin importar tiempo, lugar o espacio.

4 de agosto de 2009

Fantasma

Me he enamorado de su voz al despertar
y de sus dulces besos para desayunar,
de sus ojos que me pintan el más bello amanecer,
pero que lástima que nada de eso llegue a suceder.

Me he enamorado de las sonrisas en pleno mediodía
y de esos almuerzos desbordantes de caricias,
siendo tu piel la mayor de las delicias,
y sin embargo en la merienda un plato de melancolía.

Me he enamorado de sus ojos bajo la luna llena
y de su cuerpo lleno de pasión para la cena,
que con una probada de su amor en mi corazón se plasma...
Me he enamorado perdidamente de un fantasma.

Me he enamorado de alguien que no existe,
pero eso no evita que en mi mente ella habite
y que su recuerdo para mi se vuelva inmortal,
hasta el punto de creer que todo fue real.

25 de julio de 2009

Difícil

Que difícil es vivir de falsas ilusiones
pasar las noches reviviendo sueños rotos
y despertar con esperanzas vacías.
Que difícil que reine la monotonía por el resto de los días
tener que hacer y pensar lo que piensen los otros
y que lo más cercano a la felicidad sean sólo alusinaciones.

Que difícil que cada placer esté siempre prohibido
y que sin importar el trabajo todo quede en el olvido.
Que difícil ser esclavo de lo que digan los demás
y sin importar lo que sientas jamás poderte expresar.
Que difícil aprender a hacer todo sin ningún error
y pasar toda la vida sin sentir la más mínima emoción.

Que difícil conocer cada aspecto de la vida sin siquiera porder vivirla
y que en el albúm de los recuerdos no haya razón para seguir con vida.
Que difícil vivir y no saber cómo llenar ese gran espacio vacio
y que cuando tratas sólo lo llenas con más y más desperdicios.
Que difícil es luchar sabiendo que lo más seguro es perder
pero peor aún es no luchar y que ser perdedor sea parte de tu ser.